jueves, 28 de noviembre de 2013

AMOR ÍNDIGO: EL AMOR QUE TRASCIENDE EN LA IMAGINACIÓN QUE TRASCIENDE EN EL DESENCANTO

Por Andrea González

Como parte de la 55 Muestra de Cine Internacional, la Cineteca Nacional proyecta lo último de Michael Gondry: Amor Índigo, protagonizada por Romain Duris y Audrey Tautou. Quería escribir una reseña que estuviera al nivel de la belleza de la película, pero tendré que ceñirme a los límites de la palabra y escribir que la historia no es nada del otro mundo, como ninguna historia de amor lo es: Colin, un inventor que se siente solo, conoce a Chloé, de quien se enamora y con quien se casa. Sin embargo, durante la luna de miel, Chloé enferma, y, junto a Colin y su grupo de amigos, debe luchar por superar su enfermedad.

Una de las más bellas características del cine es que no necesita de palabras para expresar la belleza de las cosas, incluso la belleza horrible de las cosas más rudimentarias. Podemos analizar las imágenes y decir mil cosas de ellas, pero imagen y palabra no son la misma cosa, ni una supera a la otra, son, simplemente, diferentes manifestaciones de lo que el cerebro considera que es real. También se puede ilustrar un texto, y no por eso la imagen suple a la palabra.

Si uno ve Amor índigo se encuentra ante la imaginación misma, no imagen y no palabra, sino el resultado de la conjunción entre ambos, que es, a final de cuentas, el objetivo del cine, pero que también es prácticamente inalcanzable.

Este film expresa, mediante símbolos de la escuela que uno quiera (desde el surrealismo hasta el expresionismo), lo que significa el amor para un romántico (en la acepción que el intelectualoide escoja). Es una crítica al poder de la invención mediante la invención misma, y también es un cuento de hadas que absorbe, poco a poco, nuestra fe en la salvación a partir del valor que menos importa, es decir, el valor sentimental. Todo eso es Amor índigo, y la música.

Aquí les compartimos el trailer: