miércoles, 8 de enero de 2014

NUESTRAS MUJERES FATALES: DOLORES DEL RÍO

Andrea González
@kissmeorfuckyou
La Época de Oro del Cine Mexicano aportó al mundo cinematográfico varias y notables figuras femeninas. Mucho se les ha reprochado a estas mujeres, ya por sus actuaciones, ya por sus actitudes, pero lo cierto es que la existencia de una mujer fatal no depende de ella misma, sino de que alguien la imagine, así como sus características están ligadas a lo que se espera de ella. Las mujeres fatales del cine mexicano, además de ser tardías, corresponden no sólo al imaginario misógino de quien las creó, sino también a la manifestación de necesidad de poder y fuerza femenina que representaban.
  María Dolores Asúnsolo y López Negrete de Martínez del Río fue una actriz de cine de los años veinte y treinta, estrella de Hollywood y representante mundial de la belleza mexicana, principal inspiración de Emilio Fernández y activa participante de la transición del cine mudo al cine sonoro. Estuvo relacionada con grandes figuras de la escena cultural de la época, como Orson Wells, Adolfo Best Maugard, Diego Rivera, y grandes poetas que la retrataron en sus letras, como Salvador Novo, Jaime Torres Bodet y Carlos Pellicer.

 Fue considerada una de las bellezas representativas del canon de los años treinta, comparada con las grandes figuras americanas, y a su alrededor se creó una leyenda acerca de los cuidados que le procuraba a su físico. En Hollywood filmó más de treinta películas, entre ellas Ave del paraíso de 1932 y Madame Du Barry en 1934, y en México participó en más de diez películas, de las cuales destacan Flor Silvestre (1943), Bugambilia (1944) y Doña Perfecta (1950). Fue un ejemplo de éxito y de belleza, y bien vale la pena volver a ver sus películas.